por Alejandro Rodríguez
miércoles 7 de mayo de 2025
Quizá la buena vida que anhelamos, ese estar bien o bien estar, no se encuentre allí donde hemos buscado durante décadas. Al principio creímos encontrarlo en el amor de mamá o en la aprobación de papá. Más tarde en encajar, ser aceptado, valorado por los otros. Después aparecieron las evaluaciones académicas y lo de estar bien pareció pasar a depender de las notas, “yo soy un seis con veinticinco y tú un cinco con cinco”.
Fue cuestión de tiempo que el dinero se hiciera con un papel protagonista. La pasta, ¿cuánta pasta? ¿mil, dos mil, cien mil..? No, la cifra es “más”. En concreto más que tú, más que los demás, más que aquel...
Después nos esforzamos en tener cosas, una pareja, un coche, otra pareja, otro coche... ¿cuántas cosas?más cosas (otra vez, más). Buscamos también en el placer, el desenfreno, ¿cuánto placer, cuánto desenfreno? Y otra vez: más, mucho más. Y otra vez nunca tuvimos suficiente, otra vez insatisfechos. Sexo, drogas, rocanrol..? más de lo mismo. Vivimos con un agujero en el bolsillo del pantalón. Nunca nada era suficiente.
Pasaron los años y la seguridad, la estabilidad, tener certezas y eliminar incertidumbres, pisar un suelo sólido, estable se volvió prioritario. En este mundo cambiante e impermanente no parece una buena estrategia. Intentamos controlar lo incontrolable, manejar lo inmanejable, y el resultado fue la misma insatisfacción de siempre.
Entonces el bienestar se convirtió en sinónimo de salud. Salud, dinero y amor (esto parece un horóscopo). Cuidar el cuerpo se volvió entonces una (nueva) obsesión: deporte, dieta, estética... Salud, sí salud, toda la que se pueda y así vivir... ¿cien, doscientos, mil años? No, otra vez la cifra es “más”, una ilusión de inmortalidad que convierte la existencia en un continuo "escapar de la bicha", una bicha que tarde o temprano nos pegara el bocao definitivo y mandará este cuerpo envoltorio a la basura.
-A mí no.
-Sí, a ti sí.
Y así buscamos, corremos, nos tropezamos, frustramos y decepcionamos cada día.
Quizá, decía, la única buena vida posible, ese estar bien o bien estar, esté más cerca y sea mucho más simple, tanto que nos parece increíble. "Tiene que ser más complicado" dice nuestro cerebro analítico, ávido de complejos enigmas que descifrar.
Quizá elegir quién, cómo queremos ser, qué valores, principios y prioridades nos salen del corazón y no tanto de la calculadora neuronal. Elegir, insisto, aclarar, reflexionar y tallar en mármol lo reflexionado para cada mañana volver a ese mapa del tesoro. Ser, sí, simplemente ser como quiero ser, ser el que quiero ser y a ver qué pasa. ¿Amable? Puedo hacerlo, solo de mi depende ¿honrado? No necesito a nadie ¿cariñoso? Está en mi mano...¿digno?, ¿sincero?, ¿solidario?, ¿humilde?, ¿altruista? Elige tu mismo y comprueba que somos libres para ser. ¿Ser lo que realmente somos y no una parodia de nosotros mismos, un personaje, un estereotipo, un disfraz? Responsabilicémonos de una santa vez.
Quizá no necesito un novio o un Porsche y sí el coraje necesario para ser como yo siento que quiero ser y dejar de ser como creo que necesito ser para gustar, ser querido, aceptado, valorado... agotador. Dejar de ser exitoso para ser amable, dejar de ser guay para ser decente, digno u honesto.
Quizá solo así la vida adquiera sentido y deje de ser el infierno en la tierra. Quizá el cielo en la tierra esté solo a una decisión. Y la decisión es nuestra.
Probemos, es gratis.
Quedas nombrado/a director general de tu vida.
Los demás están todos despedidos.
El contenido de este blog no pretende sustituir el consejo médico profesional