por Alejandro Rodríguez
sábado 5 de agosto de 2017
Estudios recientes confirman que cada vez que traemos a la conciencia un recuerdo de consumo el cerebro pasa por una fase inestable de consolidación de la memoria. Evocar una experiencia con la droga expone "ese momento" a un estado maleable que alteramos según los deseos de nuestra situación actual.
Es decir, las dificultades de las primeras etapas de la recuperación, marcadas por un alto nivel de malestar (ansiedad, craving, bajo estado de ánimo, depresión, irascibilidad, pensamientos obsesivos...) funcionan como un "filtro maligno" que decora nuestros recuerdos de consumo para convencernos de que cualquier tiempo pasado fue mejor.
El sufrimiento de hoy modifica nuestra percepción del pasado para que volvamos a el.
La ciencia ha vuelto a explicarnos lo que ya sabíamos, lo que ya sentíamos, lo que ya sufríamos en recuperación.
Ahora sabemos que bucear en los recuerdos del pasado es altamente peligroso ya que nuestro cerebro enfermo maquilla el dolor sufrido (por nosotros y nuestro entorno) modificando la historia, reescribiéndola de una forma "interesada" para que, una vez más, consumir "no sea tan mala idea".
Vivir centrados en el presente, poner el foco en el ahora es importante para todo el mundo.
Para los adictos es cuestión de supervivencia.
Este aspecto confirma la teoría de que la adicción es una tormenta perfecta, una bomba de relojería con mi cables de colores de la que sólo nos salvará nuestro esfuerzo, aceptar la ayuda recibida y el tiempo transcurrido en abstinencia.
El contenido de este blog no pretende sustituir el consejo médico profesional