por Alejandro Rodríguez
domingo 28 de febrero de 2016
La ciencia se ha esforzado en buscar el origen de la adicción en los desequilibrios a nivel cerebral que las distintas drogas generan en nuestro cuerpo. Sin embargo, la epidemia de "nuevas adicciones" sin sustancia que afecta a las sociedades modernas deja claro que las teorías científicas hasta ahora aceptadas son sin duda insuficientes para explicar el problema de una manera global. Sí, el cerebro enferma, pero sólo cuando afrontemos el núcleo de la cuestión podremos plantearnos una recuperación como sociedad e individuos.
Una sociedad con valores enfocados al tener, a la competitividad y al constante crecimiento económico en la que el la imagen, el poder y el dinero son sus ídolos, solo puede generar individuos insatisfechos, una legión de "perdedores", caldo de cultivo perfecto para la búsqueda de la plenitud en remedios urgentes.
Sólo cuando nuestras familias y nuestro sistema educativo generen personas capaces de afrontar sus vidas aceptando que el dolor es parte consustancial de las mismas, podremos empezar a poner remedio a la adicción. Personas que vivan conscientemente y no rebaños de zombies que pierden su tiempo en un día a día sin sentido.
Es un trabajo sin fin que tardará décadas en dar resultados y poco rentable para la industria farmacéutica (más interesada en teorías que respalden un tratamiento farmacológico del problema) pero mientras no cambiemos nuestra sociedad, ésta seguirá siendo una fábrica inagotable de adictos y sufrimiento.
El contenido de este blog no pretende sustituir el consejo médico profesional