Estado de alarma emocional

por Alejandro Rodríguez
domingo 16 de agosto de 2020

En las salas de grupos de recuperación es habitual escuchar historias de violencia.

Maltrato infantil, abusos, violencia doméstica física y psicológica, bullying y agresiones de todo tipo. En ocasiones se cuentan en primera persona y fuimos nosotr@s l@s que las padecimos. Otras veces nos tocó ser testigos mudos e infantiles de situaciones en las que personas queridas para nosotr@s eran las afectadas.

A ciertas edades y en determinadas personalidades estas circunstancias generan un trauma, una herida cuyo dolor se convierte en un ruido de fondo constante que se convierte en un dolor punzante y agudo cuando el escenario, los actores y el guión violento vuelven a repetirse.

Con el tiempo, y aunque las circunstancias cambien, es habitual que el ruido de fondo se mantenga, un sonido denso sigue sonando y cuando otros actores en otro escenario recuperan una historia de violencia aquel viejo cuchillo vuelve a atravesarnos las tripas y quemarnos el corazón.

Esta fragilidad traducida en un miedo atroz a volver a sentir “aquello” y la consiguiente vida a la defensiva con un estado de alarma emocional permanente marcan nuestra adolescencia y juventud, retrasando procesos de madurez. Madurar implica sentir, sufrir, curtirnos, y nuestra huida constante del dolor impide que nuestro corazón se endurezca.

Mientras el resto de la gente va endureciéndose a medida que afrontan, sufren y superan situaciones emocionalmente difíciles, otr@s no permitimos que las heridas cicatricen debido a nuestra tendencia a escapar del dolor en vidas en las que la prioridad absoluta, seamos conscientes o no de ello, es no sufrir.

A partir de ahí no solo desarrollamos sofisticadas tácticas de evasión, nos convertimos en reyes y reinas del escapismo, unas veces huyendo físicamente, otras mentalmente (aquí es donde entran las drogas).

Ser conscientes de nuestras heridas, superar rencores, perdonar y perdonarnos son los difíciles pero necesarios pasos a dar para Cambiar las cosas y afrontar una vida en la que podamos suspender el estado de alarma.

El contenido de este blog no pretende sustituir el consejo médico profesional

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