Una Vida de Mierda

por Alejandro Rodríguez
martes 10 de julio de 2018

Una Vida de Mierda


Ansia, vacío, insatisfacción. Cuesta describir la sensación cuando aparece.

El malestar tiene más disfraces que Mortadelo (esta comparación no sirve para milennials).

A veces parece que nace en el estómago, otras se disfraza de dolor de cabeza, rigidez en cuello, presión en el pecho, sudoración, respiración entrecortada…

También se me ha aparecido en forma de ganas de llorar, pero no puedo. Nunca puedo.

Ira, rabia, nada me sirve, nada me vale, todo me parece mal.

Pensamientos infantiles: “No quiero ir a trabajar, quiero esto o quiero aquello.”, caprichos y demandas absurdas, egoistas.

Recuerdos feos, muy feos, que llegan con culpa y una vergüenza que no cabría en Castilla-León.

En ocasiones se viste de un aburrimiento profundo e intenso que parece no va a terminar nunca. Es ahí donde empieza a oler a desesperanza.

Otras es como cansancio, un cansancio que te hace arrastrar el cuerpo. Primero un pie, luego otro.

Hambre de algo (pero ¿de qué?).

Una tristeza infinita.

 


Entonces nos rebelamos. "No quiero esto. Cambiemos de canal, huyamos, escapemos de aquí.

Esto no me gusta, me largo. Me piro papiro, marcho que teño que marchar. Y cagando ostias."

 


¿Adónde?

 


A la nevera, a la tele, al trabajo, a la enésima discusión estúpida, a un novio, a otra novia, al móvil, a comprar algo, al dinero, a más dinero, al sexo…

Antes llamaba al camello. Ahora tenemos “otros camellos”. No venden drogas pero se parecen. “Dromedarios” diría yo, que nos ayudan a desconectar, a evadirnos, a anestesiarnos.


Una vez allí, sea donde sea, “el ruido cesa” temporalmente y nuestra atención se ceba en la nueva serie, el nuevo capítulo, el último teléfono móvil o la hamburguesa triple con doble de bacon y pepinillo.

La atención, esa oveja descarriada, esa hoja al viento, ese coche sin frenos, ese niño desatendido.

Una vez terminada la triple burguer, guardado en un cajón el jersey o aseada la masturbación no tarda en aparecer otra vez, más grande y profundo si cabe, ese enorme agujero, ese vacío succionador, esa nada inmensa.


Y es así queridos/as como sucesivamente, día tras día, se va construyendo, casi sin darnos cuenta y (qué curioso) sin que hayamos hablado de drogas...

 


...Una Vida de Mierda.

 


(continuará)

 

(vaya si continuará...)

 

El contenido de este blog no pretende sustituir el consejo médico profesional

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