Todo el Amor del mundo

por Alejandro Rodríguez
domingo 2 de agosto de 2020

Creo firmemente que lo que nos ayuda a recuperarnos no es "el método". Ingresos en centros residenciales, psicoterapia de segunda o tercera generación, tratamientos basados en el mindfulness, programas de doce pasos, centros con un marcado componente religioso … muchos han funcionado a lo largo de décadas. La experiencia nos demuestra que pese a las enormes diferencias existentes entre los distintos caminos de recuperación disponibles lo que nos recupera no es la metodología sino la adquisición de un íntimo y auténtico sentimiento de pertenencia.

La identificación con un grupo de iguales en el que sentirnos acompañados, cuidados, comprendidos, aceptados y amados es la auténtica "medicina". El sentido de pertenencia también nos aporta la sensación de que importamos y aportamos, de que nuestra experiencia, terrible y dolorosa, cobra ahora sentido, ha servido para algo y puede ayudar a otr@s a evitar aquel infierno.

Para los más afortunados, la dura y larga travesía no termina en el bar o en la casa del camello sino en una sala de grupo rodeados de iguales.

Sentirse acompañado requiere una conexión entre las personas. No basta con llegar a un sitio en el que hay gente, compañeros y personal “cualificado”. Necesitamos ver para creer, sentir para saber, que hemos llegado a alguna parte, que nuestra penosa travesía ha llegado a puerto, a buen puerto, un lugar seguro en el que quizá podamos empezar a imaginarnos en nuevo hogar.

Esta conexión surge de un modo espontáneo cuando nos dirigimos a l@s recién llegad@s desde el corazón, con todo el amor del mundo. Asistimos a un milagro cada vez que un alma en pena se sienta en una sala de grupo y dos horas después la esperanza se ha instalado en su mirada. Las drogas nos matan lentamente (bueno, a veces no tan lentamente), el estigma social del adicto nos aisla, los problemas familiares, económicos y laborales complican todavía más la vida de consumo, pero lo que produce el dolor más íntimo es la soledad. Hablamos de una soledad que no puede ser descrita con palabras. Habría que inventar una palabra nueva para designar ése sentimiento que mezcla abandono, desorientación, desesperanza y horror a partes iguales.

Así, no son los métodos sino las personas lo que nos recupera, no es el enfoque terapéutico sino la buena compañía, no es la mano dura sino todo el amor del mundo el que nos salva.

El contenido de este blog no pretende sustituir el consejo médico profesional

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