Muerte y Recuperación

por Alejandro Rodríguez
miércoles 25 de noviembre de 2020

Hace años alguien explicó en una conferencia  que “los adictos, básicamente, consumen para distraer el miedo a la muerte.” Me llamó la atención la sentencia y , aunque me parece reduccionista y quizá demasiado filosófica, creo que toca un asunto poco tratado en las salas de recuperación.

Sí solemos hablar de que la cárcel, el psiquiátrico o la muerte son las “alternativas” a la recuperación. Sin embargo la muerte, el miedo a la misma y el fallecimiento de alguien cercano (o su posibilidad) como excusa, justificación o coartada de consumo son escasamente tratadas en las salas de grupo.

Es habitual que el fallecimiento de un ser querido produzca un aumento en el consumo de personas con problemas de adicción. También es habitual que el miedo a enfermedades potencialmente mortales provoque angustia, incertidumbre y bucles de pensamiento negativo con todo lo que ello implica a la hora de acercarnos al consumo. Los hipocondríacos/as son un sector numeroso dentro del colectivo de las personas en recuperación y aunque quizá ahora abstinentes, no hemos olvidado cómo anestesiar esos miedos (y todos los demás).

El egocentrismo propio de la vida de consumo nos dice que con nosotros todo se termina. Que debemos buscar el placer afanosamente y huir del dolor. En activo la vida se limita a eso, se explica así. El “a vivir que son dos días” con el que hemos iniciado interminables sesiones de alcohol y otras drogas suele empujarnos a morir (y no a vivir) y como el propio refrán reza la vida se acorta.

La muerte de seres queridos juega también a favor de la enfermedad y muchos hemos sido buenos clientes del bar del tanatorio.

Una vez en recuperación es importante trabajar el cambio de hábitos y actitudes con respecto a la droga, al mundo, a los demás, a nosotros mismos, a la vida… y a la muerte. No es un tema a plantear en las primeras fases de la recuperación pero sí es un asunto del que debemos hablar en grupo, plantear nuestros miedos, nuestras heridas del pasado relacionadas con la muerte y reflexionar íntimamente sobre cómo el final de la vida nos ha producido un miedo atroz que quizá nos ha acompañado desde niños. ¿Qué parte de responsabilidad tuvo el pánico a morir en nuestra manera de consumir?

Una vez compartidas nuestras impresiones, podremos recibir un feedback muy positivo de nuestro grupo y quizá encontremos un camino para aprender a convivir con la muerte e incluso aprender de ella.

Frank Ostaseski, en su maravilloso libro “Las cinco invitaciones”, nos habla de la muerte como una gran maestra que nos invita a vivir cuidando nuestros hábitos mentales y de conducta, a no esperar a ser amables, a perdonar y perdonarnos, a superar el egoísmo, a vivir sin miedo… consejos que podríamos escuchar en cualquier sala de grupo.

Las creencias de cada un@ podrán llevarle a una espiritualidad determinada que puede servir de guía a una buena relación con nuestra propia muerte. Como casi siempre, vivir una vida consciente y compartirla, abrirnos a los demás es el camino a superar el miedo, el “gran miedo”.

 

 

 

 


 

El contenido de este blog no pretende sustituir el consejo médico profesional

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