Material Sensible

por Alejandro Rodríguez
sábado 20 de junio de 2020

Las sesiones de grupo son una herramienta fantástica. Experiencias que salvan vidas. El lugar donde empezamos a ver la luz al final del túnel  y termina la soledad, cuna de relaciones para toda la vida y refugio del malestar. Algun@s no nos hemos sentido más "en casa" que en una terapia de grupo. Un verdadero hogar.

También es el lugar donde se nos dice lo que no queremos oír y el escenario de tardes “difíciles”, sin embargo volvemos una y otra vez para seguir aprendiendo, para seguir conociéndonos y entendiéndonos en los otros.

Debemos asistir al grupo con buena actitud. Puede que a veces con malestar, ansiedad, dudas, miedos y muchas ganas de consumir, pero sin olvidar el motivo principal de nuestra asistencia: ayudarnos ayudando y ayudar ayudándonos.

Es importante recordar que nuestros mensajes a compañer@s siempre deben nacer en la firme voluntad de ayudar y nunca desde la rabia, el rencor o la ira. Un buen compañer@ es el que intenta llegar al sufriente con delicadeza y sinceridad y nunca desde la agresividad. Ir a una sesión a “dar caña porque antes me la dieron a mí””, a focalizar en un compañero o a desahogarnos tras un mal día, es una actitud irresponsable que indica una recuperación deficiente con muchas carencias.

La persona que dirige la sesión debe evitar estas situaciones y si no tenemos la actitud necesaria para participar en un grupo, lo mejor será abandonar la sala e intentarlo otro día.

Puede que en ocasiones tengamos que hacer ver a alguien su autoengaño, ser vehementes, intensos y firmes cuando un miembro del grupo está en riesgo, sin embargo, todo esto debe  hacerse desde el respeto y la educación y, si se puede (y casi siempre se puede), desde el cariño y la amabilidad. Nos dirigimos a personas que sufren, en ocasiones desesperanzadas, con circunstancias personales difíciles (por las que  seguramente hemos transitado nosotr@s mism@s), compañer@s de lucha, camaradas, seres humanos emocionalmente heridos e hipersensibles.

En los buenos centros de recuperación suele haber profesionales bien formados que saben cuándo, cómo y a quién "apretar"  o exigir. En algunos lugares las personas en recuperación están atendidas las 24 horas del día, algo que no sucede en recursos ambulatorios o de día en los que después de una sesión dura volvemos a la calle y a un entorno muchas veces complicado con el riesgo que ello implica. Gritos y las faltas de respeto nunca han sido de ayuda a la hora de recuperar a personas con problemas de consumo y sí fuente de dolor (como si no tuviéramos ya suficiente). El problema aumenta cuando "estas maneras" crean escuela y personas sin formación, experiencia o recursos optan por el mismo tono "duro" en cada sesión en la que participan, ya estén ante compañer@s fuertes y receptivos o personas heridas, frágiles y muy vulnerables. 

Analicemos el momento, la situación y el interlocutor antes de elegir la intensidad y el estilo de nuestro mensaje. Los matices y los detalles son de enorme ayuda, suelen llegar al corazón de la persona que los recibe y marcan la diferencia con intervenciones torpes, bruscas y descuidadas.

Seamos cuidados@s con los compañer@s, mimemos al grupo y revisemos nuestra actitud antes de dirigirnos a una persona que sufre.

No olvidemos nunca que trabajamos con material altamente sensible.

  

El contenido de este blog no pretende sustituir el consejo médico profesional

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