Malestar en Recuperación

¡Que no cunda el pánico!

por Alejandro Rodríguez
sábado 19 de septiembre de 2020

A veces nos desesperamos.

Acudimos a nuestras sesiones de grupo puntualmente, visitamos al médico, al psicólogo, cambiamos radicalmente nuestros hábitos, practicamos deporte, cuidamos el sueño, evitamos situaciones de riesgo, hemos abandonado ciertas compañías, lugares, horarios…

Pero a pesar de acumular meses, incluso años de abstinencia, periódicamente, recibimos la visita de incómodos huéspedes que se instalan en nuestra mente y en nuestro corazón.

Una tristeza infinita sin un hecho que la justifique. Desgana, desmotivación, sin que nada haya cambiado. Irascibilidad, inquietud, vacío… La negatividad nos abraza y parece que “esto no va a terminar nunca”.

No debemos caer en la trampa. Quizá sea este uno de los motivos principales de las recaídas en recuperación: la intolerancia al dolor emocional, la desesperación cuando vuelve el malestar, la necesidad urgente de sacarnos de encima esas incómodas sensaciones y creer que no van a terminar nunca.

El consumo continuado de cocaína produce un aumento en la sensibilidad hacia las emociones negativas. Este efecto persiste incluso cuando se ha abandonado el hábito. La revista Addiction Biology ha publicado un estudio con técnicas de resonancia magnética funcional que indaga en el efecto de esta sustancia sobre diferentes áreas del cerebro.

Científicos de las universidades de Granada y CEU Cardenal Herrera (Valencia) compararon las respuestas cerebrales ante imágenes relacionadas con emociones negativas en dos grupos: el primero formado por adictos a la cocaína ahora en abstinencia y el segundo compuesto por personas no consumidoras. Los investigadores observaron una serie de alteraciones en la corteza prefrontal (involucrada en el control de la conducta) y cambios en la conexión de dicha área con otras encargadas con el procesamiento de las emociones, tales como el sistema límbico, el tálamo anterior o la amígdala.

Estos efectos están asociados con la mayor tendencia de los cocainómanos a la depresión y al estrés, así como la falta de control ante estados emocionales negativos, como el enfado o la frustración. Según los científicos, la identificación de las áreas cerebrales implicadas en estos procesos es clave para tratar a las personas que se deciden a abandonar el consumo de cocaína.

Por si esto fuera poco nuestros niveles de dopamina, serotonina y cortisol se han visto alterados por lo que es posible que tengamos dificultades a la hora de sentir placer y disfrute con lo cotidiano, nuestro estado de ánimo sea más bien bajo y nuestra ansiedad y estrés se mantengan en niveles elevados.

La superación de esta tendencia a las emociones negativas dependerá del perfil de cada persona, su historial de consumo y  la calidad de su trabajo de recuperación pero es un hecho probado que con tiempo, trabajo y abstinencia el bienestar termina por instalarse en la vida de l@s adict@s.

Es evidente que en el pasado las drogas jugaron un papel “anestesiante”. Parece lógico llegar a la conclusión de que ahora, si queremos mantenernos abstinentes, debemos aprender a relacionarnos de otra manera con nuestro malestar:

La imagen del faquir sentado en una cama de afilados clavos puede servirnos para entender que necesitamos desarrollar cierta tolerancia al dolor emocional. Para ello podemos ejercitarnos, entrenar con los pequeños inconvenientes del día a día. Identificar nuestra ira cuando alguien se cuela en la cola de la panadería y, en lugar de iniciar la tercera guerra mundial, observémonos, respiremos la ira, dejémosla estar en nuestro pecho y apreciemos como se disuelve.

También nos vendría bien no entrar en pánico cuando la avispa de la negatividad se nos acerca. No salgamos corriendo despavoridos. Aquietémonos, respiremos, y su aguijón se alejará antes o después.

Compartamos nuestro dolor con otros. Telefónica o presencialmente, hablarlo con compañeros es una herramienta de eficacia demostrada.

Asumamos que, aunque nuestro esfuerzo de recuperación ya cumple varios meses o años, nuestro cerebro sigue alterado después de toda una vida de consumo. Seamos pacientes, continuemos con el trabajo que tan bien nos ha funcionado hasta ahora (de esto no hace falta que nadie nos convenza) y confiemos apoyados en el ejemplo de l@s veteran@s en que cosas buenas están por venir.

Así pues, no nos desesperemos cuando ese "incómodo huesped" nos visita. Hagámosle sitio, atendámosolo con amabilidad y se volverá por donde vino en cuestión de tiempo.

 

El contenido de este blog no pretende sustituir el consejo médico profesional

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