Libres de la mente adicta

por Alejandro Rodríguez
domingo 9 de agosto de 2020

La mente adicta es una  mente reprogramada al servicio del próximo consumo.

Una adicción consolidada se traduce en un cerebro que ha abandonado sus prioridades “normales” de supervivencia y las ha sustituido por el consumo. Así se suceden acontecimientos trágicos que nos “sorprenden” en conductas irresponsables, inmorales y suicidas.

Conducir borrach@ con los hijos en el coche, robar, mentir, mantener relaciones sexuales de riesgo, tratar con desprecio a personas que queremos, comportarnos violentamente con otras personas…

"¿Cómo he podido hacerlo?", nos preguntamos llenos de arrepentimiento, vergüenza y culpa.

La respuesta que nos damos habitualmente nos dice que simplemente somos así, débiles de carácter, viciosos, degenerados, imprudentes… personas de dudosa valía en las que no se debe confiar, individuos que fallan, que no saben, que no pueden. Terminamos definiéndonos como malas personas al no encotrar otra explicación a nuestra forma de vida.

Es fácil entender cómo nuestra conducta se adapta a la adicción. Cada cosa que hacemos debe acercarnos al próximo consumo. Los hechos nos lo demuestran.

Es más difícil convencernos de que nuestra manera de pensar (y por lo tanto de sentirnos) ha caído también bajo las redes de la enfermedad. Nuestros pensamientos son siervos de la droga y se reorganizan para hacernos sentir de manera que consumir siempre sea la mejor opción.

En fases anteriores del consumo, casi al principio, aprendimos de manera íntima y profunda que la droga cambia nuestra manera de sentir, alivia, anestesia, altera nuestro estado de ánimo. Aunque con el tiempo la capacidad de las sustancias de “animarnos” va perdiendo fuelle y los subidones se acortan y debilitan, nuestra memoria (también enferma, también secuestrada) guarda el recuerdo de aquellos primeros y satisfactorios consumos cuando la euforia vencía a la depresión.

Pero volvamos al pensamiento adicto. El cerebro enfermo busca consumo y a partir de ahí necesita una manera de pensar y actuar que produzca un estado emocional que deba ser alterado continuamente, o sea, que nos sintamos mal por lo que hemos hecho y por lo que estamos pensando.

Es fácil deducir que esa marea continua de pensamientos negativos, de incertidumbre, arrepentimiento, críticas, quejas, juicios, victimismo y venganza nos lleva a sentir odio, ira, rencor, miedo, ansiedad, culpa, vergüenza etc. con la consiguiente necesidad de eliminar cada una de estas emociones negativas.

Cuando en una sala de grupo alguien etiqueta nuestro malestar como "ganas de consumir" seguramente se refiere a esta peculiaridad de nuestra manera de pensar y sentir. Espero que este artículo te explique esas habituales sentencias que nos dicen que "todo son ganas de consumir", "somos un tirón con patas" o " es la droga la que habla por ti".

Ser conscientes de esta situación, de que el núcleo de nuestra enfermedad (ahora en abstinencia) está en esta adicción al malestar (ahora explicada) es la puerta a la recuperación, a la calidad de vida y a algo más que un simple “no consumir”. 

Si conseguimos ver nuestra mente de esta manera, si nos convencemos de que algo no anda bien ahí dentro y dejamos de darle importancia y naturaleza de verdadera a cada pensamiento absurdo que surge, estaremos en la senda de una vida nueva.

Seguimos siendo adict@s en recuperación pero ahora libres de la locura de una mente adicta.

El contenido de este blog no pretende sustituir el consejo médico profesional

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