Estar con nosotros

por Alejandro Rodríguez
jueves 8 de octubre de 2020

En distintos artículos anteriores he insistido en la necesidad de encontrar en cada día un tiempo para nosotros. No me refiero a un tiempo para hacer algo que nos gusta, comer tranquilos o ver una serie. Apunto a la importancia de “estar con nosotros”, preguntarnos cómo estamos, cómo nos sentimos, darnos cariño y atención.

Para ello es bueno encontrar el momento y el lugar. Las primeras horas de la mañana (sobretodo para los madrugadores) suelen facilitar un tiempo y un espacio que permite recogerse, apartarse, relajarse, silenciarse y aquietarse. El uso de la forma verbal reflexiva (-se) es aquí necesario ya que cada gesto supone un trabajo con uno mismo.

Por supuesto la quietud y el silencio externos nos son más que condiciones para facilitar el verdadero objetivo que son la quietud y el silencio internos. Estamos buscando la paz.

Una vez conseguidas estas condiciones podemos plantearnos entrar en nosotros mismos. Quizá pararnos con la respiración, sentirla, escucharla y “mirarla” sea un buen punto de partida para aquietarnos. Puede que en el intento se interponga alguna preocupación, asuntos “importantes”, la apretada agenda del día o alguna molestia física. Aunque inicialmente parezcan obstáculos, con tiempo, paciencia y atención llegarán a ser ayudantes en nuestro entrenamiento y encontraremos un lugar para ellos en este proceso.

Este tiempo íntimo nos permite ver lo que pasa ahí dentro. Qué pensamientos, emociones y sensaciones nos ocupan. Mirarlas con curiosidad, sin juzgarnos implacablemente, nos permitirá tomar cierta distancia con ellas: “Hay miedo, algo de culpa y quizá una pizca de vergüenza…” y con absoluta honestidad con nosotros mismos descubriremos que podemos decirnos toda la verdad, somos alguien en quien confiar.

Desidentificarnos, llegar a creer que no somos eso que ronda nuestra mente inquieta, descubrir que si conseguimos aquietarnos aunque sea por un corto espacio de tiempo es evidente que no somos esa parte de nosotros que sigue inquieta, que nunca para, saltarina, dramática, victimista, protestona y miedosa.

Detrás de esa capa de miedos de todo tipo (rencores, preocupaciones, culpas...) hay algo bueno, amoroso, libre y bello: somos nosotr@s.

Merece la pena saludar cada mañana a nuestro centro, a nuestro ser, a nuestro corazón y recordarnos quienes somos realmente.

Encontrar una nueva relación con esa parte de nosotros, permitírnosla, entenderla, aceptarla e integrarla es la puerta a la posibilidad de empezar a vivir sin que una pequeña porción de nuestro ser maneje el timón de nuestra vida, que el malestar ya no nos arrastre. Hemos localizado el problema, su origen (nuestra mente inquieta y asustada) y hemos identificado al sospechoso.

A partir de ahora, dedicar un tiempo cada día a estar con nosotros nos permitirá centrarnos, limpiar el cristal a través del cual miraremos el resto del día, sintonizarnos y disfrutar de una vida en paz (que ya va siendo hora)

El contenido de este blog no pretende sustituir el consejo médico profesional

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