El Modelo del Déficit Dopaminérgico Genético de la Adicción (Alastair Mordey, UK)

por Alejandro Rodríguez
domingo 22 de febrero de 2026

En el año 2011 la Sociedad Americana de la Medicina de la Adicción (ASAM) estableció la siguiente definición de Adicción:

“Enfermedad primaria, crónica y progresiva del cerebro que afecta a las áreas de la recompensa, memoria, aprendizaje, control de impulsos y motivación.”

Las áreas cerebrales afectadas tienen un común denominador: su relación directa con el neurotransmisor dopamina y su aumento en el núcleo accumbens en el cerebro.

Anteriormente en los años 90 Ken Blum identificó la asociación entre el gen del receptor de dopamina D2 (DRD2) y el alcoholismo severo. Descubrió que la variación genética del alelo A1 del gen DRD2 implicaba en los cerebros de los sujetos afectados una cantidad menor de receptores de dopamina.

Estos individuos ven afectada de nacimiento su capacidad de sentirse saciados, plenos, satisfechos, recompensados. Son personas a las que nada parece llenarles, contentarles, satisfacerles, saciarles… Desde ahí surge una “desmotivación crónica de nacimiento”, un desinterés por asuntos que a los otros fascinan y divierten. Son niñ@s que parecen siempre aburridos, desganados, irascibles, incómodos e inquietos en un mundo que parece “funcionar” para todos los demás excepto para ellos mismos.

Nótese que hasta ahora no hemos hablado para nada de alcohol u otras drogas, sin embargo el trastorno ya existe, es decir, pre-existe al consumo de cualquier sustancia o desarrollo de cualquier conducta adictiva (más tarde veremos que debido a su cronicidad seguirá presente incluso en los casos en los que los sujetos logran una abstinencia sólida, estable y duradera de todo tipo de sustancias).

Estos “niñ@s raros y malhumorados” crecen con malestar, sufrimiento, depresión y ansiedad. Con la adolescencia llega también la posibilidad de buscar (y encontrar) alivio a esta manera de sentirse. Alcohol y otras drogas, sexo, pornografía, videojuegos, juego online, relaciones sentimentales… etc. aparecen y con ellas un aumento de los niveles de dopamina hasta ahora desconocidos.

Esos primeros consumos generan en los cerebros afectados por el déficit de dopamina genético sensaciones de una intensidad hasta ahora desconocida, un estado semejante a la iluminación. De repente los cielos se abren y la virgen desciende para fundirse (al fin) en un abrazo con esas almas solitarias, vacías y sin rumbo. En algunos casos esto sucede a edades más avanzadas pero el proceso es el mismo: hemos descubierto el antídoto al malestar.

Es entonces cuando el cerebro toma varias decisiones fundamentales que cambiarán para siempre la vida del adict@:

1. Esto es importante, prioritario, porque me hace sentir bien, muy bien, como nunca me he sentido antes y es necesario repetirlo.

2. Hemos encontrado la medicina, la cura a la insatisfacción continua. No es que nos guste, sino que la necesitamos.

3. Puede que nuestro córtex prefrontal (encargado de inhibir conductas inapropiadas) argumente que nos excedemos, que supone un gasto enorme y las consecuencias son demasiado gravosas, pero finalmente llegará a la conclusión de que en el caso de esta cura milagrosa encontrada merece la pena hacer una excepción.

4. En el resto de áreas de nuestra vida mantendremos durante un tiempo un comportamiento razonable pero en todo lo que afecte a la anestesia recién descubierta la locura y la irresponsabilidad irán instalándose poco a poco hasta arrasarlo todo. Surgen la obsesión y compulsión derivadas de la urgente necesidad de consumir y seguir haciéndolo.

5. El cerebro queda secuestrado y encadenado fuertemente por el potente cableado de nuestro cerebro primitivo, vinculado a la supervivencia. Con el tiempo, consumir será mas importante que vivir.

La adicción es pues una enfermedad primaria, un trastorno genético prexistente al consumo, a la depresión, a la ansiedad, al déficit de atención e hiperactividad…

La adicción no va de drogarse, va de sufrimiento y malestar. Las drogas y cualquier otra cosa que alivie ese vacío vienen después, en una búsqueda desesperada de sentirse bien, plenos, satisfechos, contentos y saciados.

Este modelo del DDG (Déficit Dopaminérgico Genético) tiene conclusiones evidentes que marcarán el rumbo de una Recuperación eficaz.

1.      El Adicto no es culpable. Ha heredado una condición que le engancha fuertemente a cualquier cosa que alivie su sufrimiento. El adicto solo quiere sentirse bien (lo necesita), como cualquier otra persona “normal”. Le gustaría ser capaz de moderar su consumo pero su cerebro adicto se lo impide.

 

2.      El Adicto es responsable. Una vez conocido, entendido e integrado el funcionamiento de la enfermedad debe actuar asumiendo su “minusvalía”, protegiéndose evitando situaciones de riesgo e introduciendo cambios radicales en su comportamiento cotidiano, valores y actitudes frente al mundo, la droga, los demás y el mismo.

 

3.      No existe cura pero sí tratamiento. La solución pasa por reequilibrar el sistema con aumentos lentos, suaves y naturales de dopamina. Se acabó el colocón, el atracón, el exceso, la compulsión y la obsesión, el egocentrismo y las prisas, la inmediatez y la intensidad: Los subidones rápidos y excesivos de dopamina. Abandonamos la búsqueda constante de excitación en todo para entrar en una nueva manera de vivir y no solo en una etapa de abstinencia de sustancias.

 

4.      Cuidado con los sustitutos que nos anclan en los viejos hábitos y actitudes aunque ahora sin sustancias (sexo, comida, compras, dinero…). Revisaremos nuestros ritmos, dosis y necesidades. Lo que hacemos y cómo, cuánto, cuándo, porqué y para qué lo hacemos.

 

5.      La Recuperación, el Trabajo, el Cambio son absolutamente necesarios. Conformarse con la mera abstinencia de sustancias produce sufrimiento (ahora sin anestesia) y el carácter progresivo de la adicción hace que la situación empeore (sí, incluso sin consumir).

 

6.      El craving físico se supera pronto. Superar el craving psicológico requiere de un esfuerzo enorme con la humildad suficiente como para dejarse guiar. Las características de la adicción hacen que nosotros solos con nuestro cerebro enfermo no seamos capaces de afrontar este desafío.

 

Después de casi un siglo de experiencia los métodos que trabajan este cambio de filosofía de vida han demostrado su eficacia a la hora de conseguir Recuperaciones a largo plazo con un aumento exponencial de la calidad de vida así como el encuentro con una existencia plena.

Debemos organizar nuestra vida enfocándonos hacia el sentido de pertenencia, comunidad, compañerismo, altruismo, humildad, honestidad y sencillez encontrando así la paz, serenidad, libertad y alegría tanto tiempo anheladas.

 

 

El contenido de este blog no pretende sustituir el consejo médico profesional

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