Dependencias Emocionales

por Alejandro Rodríguez
lunes 31 de mayo de 2021

En el núcleo de toda adicción descansa una creencia íntima y profunda que nos dice que “hay algo o alguien ahí fuera" que tiene la capacidad de sanar nuestra angustia y llenar nuestro vacío. Un adicto es una persona convencida de que necesita urgentemente a “esa, ese o eso” para que su anhelo desmedido termine y mientras no lo consiga su vida será miserable. Una vez conseguido el tan ansiado objeto de deseo (ya sean personas, cosas o drogas) es cuestión de días, horas o minutos que volvamos a sentir esa sed insaciable.

La adicción es también una manera de vivir, una forma de mirar, de ver el mundo, la vida, a los demás y, sobretodo, a nosotros mismos. También es una manera de hacer, de sentir y, como no, de relacionarse.

Algunos centros de recuperación empiezan a ofrecer la opción de tratamiento de las dependencias emocionales junto a las clásicas adicciones con y sin sustancia.

El dependiente emocional suele padecer baja autoestima y, en la necesidad de huir de sí mismo/a, encuentra en las relaciones de alta intensidad emocional (ya sea esta derivada de situaciones positivas o negativas, sanas o insanas, eso es lo de menos) una vía de escape a sus traumas, miedos, vacíos y falta de sentido. Poco a poco la relación tóxica va ocupando una posición predominante en la vida del dependiente emocional que, ante la dificultad de relacionarse consigo mism@, busca en el exterior alguien que aporte el sentido que le falta a su existencia.

Cuando no nos valoramos a nosotros mismos, la valoración de los otros se vuelve muy importante e imprescindible. “Dependemos” de lo que piensan, sienten y valoran los demás. Empezamos a vivir "desde la cabeza" de esa otra persona y a interpretar obsesiva y distorsionadamente cada gesto, cada tono de voz, cada comentario, cada mirada…

Las personas emocionalmente dependientes suelen elegir relaciones que garantizan la intensidad, la catástrofe, la desconfianza, las crisis continuas, los celos y la sospecha justificadas por una necesidad desmedida de controlar, cambiar o ser querid@ por el otro.

Los elementos básicos del comportamiento adictivo (obsesión, compulsión e impulsividad) se dan en este tipo de relaciones. Por si esto fuera poco, esta manera de relacionarse se mantiene en el tiempo a pesar de las terribles consecuencias de todo tipo que sufren el dependiente emocional y su pareja o parejas. Además, el dependiente emocional miente, manipula y llega a ser anulado por el otro/a de la misma manera que la droga termina absorbiendo y modificando la conducta del drogodependiente.

Aunque los supuestos más evidentes se dan en relaciones de pareja, este tipo de relaciones tóxicas se da también entre padres/madres e hijos/as, “amigos/as”, etc…

Varios autores expertos en adicciones como Gabor Maté o Kevin Griffin incluyen a los dependientes emocionales, adictos a las personas, a las relaciones tóxicas, al amor o a la atención de otros, entre el listado de adicciones que sus métodos de recuperación plantean.

Esta adicción a las personas se caracteriza por la desaparición de  los límites razonables en cuanto a la relación personal con otro/a, una necesidad desmedida de control, de saber del otro/a, de atención, de cariño, de valoración, de “justa retribución” del tiempo dedicado, del “amor entregado” y puede coexistir con otra adicción a una o varias sustancias (en muchos casos alcohol o psicofármacos) cuyo uso abusivo se justifica con el estrés y el agotamiento que la relación de dependencia emocional exige.

En muchos casos, avanzando en nuestro camino de recuperación de una adicción a las sustancias puede que descubramos que también hemos desarrollado un hábito maligno a la hora de relacionarnos emocionalmente con otras personas, una conducta sospechosamente parecida a nuestra relación con el alcohol u otras drogas.

Hacer una reflexión íntima y honesta de nuestro comportamiento sentimental en el pasado y presente, y compartirlo con compañeros/as será la puerta de salida para desarrollar consciencia acerca de ello y poder así plantear un trabajo de recuperación.

No afrontar este asunto y centrarnos únicamente en nuestros problemas con las sustancias supone construir una recuperación con cimientos frágiles poniendo en riesgo nuestra abstinencia de las drogas y haciendo de nuestro camino un proceso más doloroso y difícil  acercándonos a la recaída.

Aunque hayamos conseguido apartar las drogas de nuestra vida es peligroso seguir “colocándose” con las relaciones, sustituir los subidones, las obsesiones y la intensidad de las sustancias por la misma manera de vivir, aunque ahora con personas.

Sustituir lo uno por lo otro manteniendo la locura como modo de vida nos ancla al dolor y a una existencia miserable.

Si este es nuestro caso no podemos plantearnos una abstinencia total y de por vida de las relaciones sentimentales de la misma forma que lo hacemos con el tóxico pero sí necesitamos reaprender a relacionarnos sentimentalmente con los demás de una manera sana, plena y respetuosa con los demás y con nosotr@s mism@s.

El contenido de este blog no pretende sustituir el consejo médico profesional

Compartir: