Corregirnos y Aceptarnos

por Alejandro Rodríguez
martes 18 de agosto de 2020

Durante el primer año de recuperación hay mucho por hacer. Primero conseguir la abstinencia, después ir modificando hábitos y con el tiempo corregir nuestras creencias y actitudes ante la droga, las relaciones, el trabajo, el dinero, el sexo, la vida… y nosotros mismos.


Estos primeros meses de trabajo conllevan grandes cambios y mejoras evidentes. En poco tiempo nos vemos (y nos ven) mucho mejor. Poco a poco nos ilusionamos con los rápidos e intensos beneficios de la recuperación y afrontamos cada tarea con ganas y motivación.


Pero también llega el momento en que debemos aprender a aceptarnos y dejar de vivir cada aspecto de nuestra vida y de nuestra personalidad como un “defecto”, un error, una anomalía que deba ser corregida. Debemos aprender a convivir con nosotros mismos y nuestro malestar aunque sigamos realizando los cambios necesarios para reducirlo.


Nuevos horarios, vida sana, alimentación, deporte y sesiones de grupo dan un giro radical a nuestra existencia pero no es menos cierto que aceptar, integrar y encontrar una nueva relación con nuestro malestar, nuestra agitada vida emocional y (¡cómo no!) nuestras ganas de consumir debe ser una prioridad en una recuperación de calidad.

Debemos encontrar un equilibrio entre los cambios (aprendizaje y crecimiento) y la autoaceptación. La integración de ciertos aspectos de nuestra vida supone aprender a pasar un mal día sin necesidad de "arreglarlo" en el bar. Si no actuamos así, corremos el riesgo de convertir nuestra recuperación en un eterno carrusel de correcciones acerca de nosotros mismos y terminar con un autoconcepto "terapéuticamente" desastroso al vernos como un listado de errores. No somos un catálogo del desastre.

Permitirnos cierta tristeza o inquietud sin hacer de ello una tragedia, una avería que debe ser urgentemente reparada (ni con alcohol ni con métodos "terapéuticos") y vivirla sin la sensación de que estamos haciendo algo mal y no tenemos remedio.

No somos anómalos, somos complejos; no somos defectuosos, somos vulnerables. Y NO PASA NADA, ESTÁ BIEN ASI, ACEPTÉMONOS. Somos maravillosamente especiales.

Hacernos amig@s de nuestra enfermedad, “organizarnos” con nuestras tendencias negativas y aprender a pasar un día triste, melancólico o inquieto sin hacer de ello una tragedia es la puerta a una vida nueva, buena y plena.

El contenido de este blog no pretende sustituir el consejo médico profesional

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