Compasión y Recuperación

por Alejandro Rodríguez
sábado 8 de agosto de 2020

Llevamos un tiempo sin consumir pero el malestar sigue ahí. Nuestra "adicción al sufrimiento" se mantiene vigorosa a pesar de meses o años de abstinencia de sustancias. Seguimos siendo vulnerables e hipersensibles y nuestra "minusvalía emocional" sigue complicando nuestro día a día. Cuántas veces nos sorprendemos ensimismados en nuestro malestar. Cuántas veces nos seguimos  considerando el ombligo del mundo y absurdas historias personales nos amargan el día. Una multa, una discusión familiar, una tontería en el trabajo, un asunto económico, una (ya antigua) ruptura sentimental… Llevado al extremo, la derrota de nuestro equipo de fútbol o esa receta que no acaba de salir pueden ser suficientes para hacernos pasar un mal día.

De un tiempo a esta parte he descubierto una “técnica” que me permite desterrar gran parte de esos absurdos motivos de malestar. La herramienta consiste en leer el periódico. Sí, la prensa escrita. También podría servir el teléfono móvil, la radio o la televisión, pero el papel y unos minutos de soledad e intimidad suelen funcionar mejor.

Cuando aparece una mala noticia, y esto no suele tardar, me intereso empáticamente por el suceso. Suelo buscar una imagen de personas que sufren.

Estos días la noticia sobre la explosión en Beirut y sus cientos de muertos y miles de heridos me sirvió para descubrir la imagen de una madre llorosa sentada al borde de la cama de su bebé malherido.

Sentir compasión, respirar profundamente unos segundos y enviarle a esa madre todo el cariño es un proceso que nos permite olvidar el catálogo de menudencias que nos atosigan a diario en nuestra cómoda existencia, reconocer que todos sufrimos (unos más que otros) y agradecer nuestra fortuna por la vida que tenemos. “Salirnos” de nosotros mismos, abandonar el modo egoísta y dejar de ahogarnos en un vaso de agua cuando miles de personas se ahogan cada año buscando una vida mejor.

De la misma manera podemos extender este hábito de compasión por las personas que sufren en cualquier parte del mundo. Para profundizar en esta fantástica herramienta de recuperación podemos dar un paso más y dedicar un tiempo a ayudar a personas necesitadas. Colaborar con entidades de recogida de ropa, juguetes y libros, bancos de alimentos, etc. nos aporta otra perspectiva al acercarnos a personas que afrontan circunstancias difíciles con coraje, dignidad y en muchos casos, alegría.

La compasión por los demás es una herramienta de recuperación que nos ayuda a salir de nuestra mente enferma, miedosa y (por lo tanto) egoista, nos hace  mejores personas, nos traslada a una manera de vivir opuesta a la "anterior" y, por si esto fuera poco, convierte el mundo en un lugar mejor.

El contenido de este blog no pretende sustituir el consejo médico profesional

Compartir: