Comparándonos

por Alejandro Rodríguez
lunes 28 de noviembre de 2022

 

En recuperación tendemos a compararnos. Nuestra tendencia al malestar suele encontrar un importante aliado en esa manía que consiste en mirar a los demás con una envidia enfermiza, fascinados a veces, desde el convencimiento de que eso que ellos tienen es lo que a nosotros nos falta para estar bien, completos, saciados. Las redes sociales contribuyen a este engaño mostrando versiones edulcoradas, glamurosas, exageradas o directamente falsas de la vida de otros. La sociedad en la que vivimos nos recuerda a cada instante que sin “tener cosas” no tendremos valor y que las cosas que tenemos ahora no son suficientes, han pasado de moda o su nueva versión es mucho mejor. Sabemos que nuestro malestar, insatisfacción, sensación de vacío o “incompletitud”, ese viejo sentimiento de que “nos falta algo para estar bien” no tiene una base real. Los primeros años de abstinencia suelen venir acompañados de estados de ánimo depresivos, incapacidad para disfrutar, altos niveles de ansiedad e inquietud provocados principalmente por un cerebro enfermo. Dopamina, serotonina y cortisol “tienen la culpa” sin embargo nuestra mente adicta justifica esas maneras de sentirnos con historias que poco tienen que ver con su origen real. Así, buscamos culpables, excusas, historias y argumentos que nos expliquen porqué estamos mal. Son esos periodos victimistas en los que todo es un problema. Todo es un ataque. Todo se mira con el cristal de la desconfianza y la conspiración cuando la realidad es que es la repentina retirada de sustancias consumidas durante décadas la que nos ha dejado mental, emocional y anímicamente desequilibrad@s.

Las comparaciones vienen a completar ese arsenal de mentiras que nos seguimos creyendo para convencernos de que “así no hay manera de estar bien” y de que “esta nueva vida en abstinencia es insoportable”. Entonces la vida de los otros funciona como un espejo de nuestra escasez y las relaciones solo sirven para sentirnos miserables e indignos. Dinero, status, imagen, casas, coches, trabajos… todo sirve para encontrar otra carencia  en nuestra vida.

Sin embargo la realidad es bien diferente. Las personas en recuperación tenemos un valor intrínseco como cualquier ser humano con el añadido de una capacidad de lucha singular. Pocas personas se atreven a sobreponerse a ellas mismas y a plantearse un enorme trabajo de cambio personal. La adicción es una enfermedad cuya complejidad la convierte en un laberinto del que tenemos que encontrar la salida cada día volviéndonos expert@s en sortear las trampas de nuestra propia mente. Las cartas que nos ha echado la vida no son buenas y a pesar de ello seguimos en la partida con coraje y alegría (que me disculpen los ludópatas por esta metáfora).

Compararse con los otros es un error. Debemos compararnos con nosotros ayer. Con aquel o aquella que fuimos. Sin juzgarnos, con compasión y conciencia de enfermedad podremos tener una visión realista de nosotr@s mism@s. Esa es la comparación útil. Comparar nuestros días y noches, nuestro comportamiento con nosotros mismos y con los demás, nuestro sufrimiento y desdicha de antes con los de ahora.

No hace falta ser un genio para concluir que si seguimos en este camino seguirán llegando cosas buenas. La paz, la libertad y la alegría están a nuestra disposición si perseveramos. Sabemos a dónde llevan los viejos caminos transitados. Utilicemos nuestra dolorosa experiencia para identificarlos y elegir otra ruta.

Nuestro día a día es un milagro que repetimos cada mañana ganando otra vez la batalla a una enfermedad cuyos índices reales de recuperación nos dicen que somos muy pocos los afortunados que seguimos en la lucha y muchos los que siguen sufriendo y muriendo. Nuestras circunstancias  sociales, laborales, familiares y materiales son el mejor campo de pruebas para poner en práctica una nueva manera de vivir que tiene su origen en  un cambio de actitud ante la vida y no en un cambio de coche, casa, pareja, trabajo o imagen.

Paradójicamente las mejores recuperaciones que conozco tienden a la sencillez, a la austeridad, a simplificar y a centrarse sobretodo en la relación con uno mismo para, desde ahí, relacionarse mejor con los demás. La ostentación, el derroche y una vida centrada en lo material y la apariencia suelen ser sinónimos de recuperaciones de "baja calidad" o superficiales. La fuerza de la adicción suele encargarse de demostrar su fragilidad.

Lo cierto es que cada gesto de amabilidad con los demás, cada pequeño momento con nosotr@s mism@s en el que agradecemos el bienestar conseguido y confiamos en lo que ha de venir tiene mucho más valor que un millar de "likes" en cualquier red social. Al contrario, la auténtica recuperación está en esas pequeños decisiones que tomamos cuando nadie nos ve, en los gestos de amabilidad cuando nadie mira y en la discreta e incondicional ayuda a quien lo necesita.

Haciendo de cada día una nueva oportunidad para ser como queremos ser nos será más fácil dejar de mirar a los demás con envidia.

La referencia ahora somos nosotr@s mism@s, nuestra capacidad de superación y una alegría interior que ya no depende de nada ni nadie.

El contenido de este blog no pretende sustituir el consejo médico profesional

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