Budismo y Recuperación

por Alejandro Rodríguez
martes 22 de diciembre de 2020

Recuperándonos, muchos nos hemos acercado al budismo. Algunos lo hacen desde la meditación, otros desde la lectura y algunos nos hemos acercado a algún centro budista con curiosidad. El hecho es que un método milenario que se centra en “el final del sufrimiento” parece realmente interesante para las personas adictas a sufrir.


Buda vivió hace 2.500 años y fue un príncipe que buscó una respuesta a su sufrimiento en distintos lugares y filosofías para encontrarla en un profundo conocimiento de la mente humana.

Identificar los inercias y automatismos de la mente, nuestro ego, nuestros miedos y a partir de ahí desarrollar un entrenamiento basado en la atención y la compasión. Aprender cómo nuestra mente nos engaña y, a partir de ahí, desarrollar herramientas y estrategias que nos permitan alcanzar la serenidad y la libertad. En el caso de las personas con problemas de adicción la identificación de los componentes de pensamiento obsesivos y compulsivos son tan evidentes que el trabajo se hace “más fácil”. Nuestra peculiaridad emocional se adapta perfectamente a las soluciones que plantea esta filosofía oriental.

La manera en que el budismo aborda la impermanencia de todas las cosas es también un enfoque muy útil para personas que se aferran sentimental y materialmente, que viven con angustia y obsesividad la pérdida o la simple posibilidad de la misma. Convivir con naturalidad con el cambio y el constante fluir es de gran ayuda cuando hemos convivido con el aferramiento y el apego desmedido durante décadas.

Adiestrar nuestra atención es otro de los principios básicos del budismo y técnicas actuales como el mindfulness surgen directamente de esta tradición. Con perseverancia y el adiestramiento adecuado podremos poner un cascabel a ese gato saltarín que es nuestra atención y con el tiempo decidir en qué asuntos queremos ocuparnos y en cuales no. Las ganas de consumir se retroalimentan por nuestro pensamiento negativo y“manejar” esta cuestión nos abre la puerta a una mejor calidad de vida. Crear espacio y distancia con nuestros pensamientos y emociones, reconocerlos como un torrente continuo de pompas de jabón que surgen y se desvanecen nos permite desidentificarnos de ellos. No somos lo que pensamos y la realidad es algo muy distinto a lo que nuestra mente nos cuenta. Darse cuenta de ello nos cambia la vida y abre un camino nuevo para vivir en paz y libertad.

La compasión hacia todos los seres que el budismo promueve también puede servir de orientación a la hora de rediseñar nuestros valores de vida, algo indispensable en una buena recuperación en adicciones.


Es curioso que la oración de la serenidad de los Alcohólicos Anónimos pida serenidad para aceptar, valor para cambiar y sabiduría para saber elegir entre uno y otro. Aceptar, permitir que las cosas y las personas sean como son y no embarcarnos en batallas inútiles que siempre nos han llevado al malestar y tener el coraje para afrontar el trabajo personal de cambiar ciertos aspectos de nuestra vida son, junto a un intenso cambio de hábitos, la base de una buena recuperación.


Conocer el budismo es una opción interesante para reforzar nuestra camino al superar una adicción. Es importante destacar que no basta con el budismo para recuperarse (Buda no era adicto) y que nos hallamos ante un complemento o conjunto de herramientas que pueden servirnos de ayuda y nunca ante un método integral de recuperación en adicciones. La confusión en este punto puede ser peligrosa y no permitirnos aprovecharnos de las enseñanzas del Buda en toda su extensión.

El contenido de este blog no pretende sustituir el consejo médico profesional

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