Afrontar el vacío (II) Los Valores

por Alejandro Rodríguez
miércoles 7 de octubre de 2020

Desde niños nos enseñan que lo importante es el éxito. Triunfar académica, profesional, social y económicamente. Tener cosas, relaciones “interesantes”, tener contactos y ascender (¿a dónde?), codearse con los “mejores”.

A partir de ahí nuestra infancia y juventud se convierten en una carrera, una competición. Una prueba constante en la que se nos evalúa y valora personalmente. Alguien puntúa nuestra valía y otros van diseñando nuestro autoconcepto. No hace falta decir que la autoestima y la imagen que tenemos de nosotros mismos debe mucho a esta cultura de la competitividad, dinero e imagen.

Por si esto fuera poco nuestras familias suelen seguir este guión social y se nos apremia, también en casa, a ser personas de éxito.

Nuestros miedos heredados, el miedo biológico que nos hace egoístas y nos programa para buscar nuestra propia supervivencia hacen el resto.

La suma de cultura, sociedad, educación y biología suponen una mezcla explosiva que produce millones de seres frustrados y “fracasados” (el supuesto éxito del que hablan es para unos pocos).

Incluso los que “lo consiguen” y ganan alguna carrera o logran situarse entre las “élites” (nunca había escrito con tantas comillas, pero el artículo lo requiere), terminan sintiéndose vacíos y finalmente conscientes de que todo ese esfuerzo no ha valido la pena.

Puede que el núcleo del problema y desde ahí de la solución esté en los valores, los principios, las referencias que esta sociedad nos inculca directa o indirectamente, consciente o inconscientemente.

Así, cuando entendemos y sentimos el vacío al que perseguir dinero, status, imagen y prestigio nos lleva quizá podamos asumir un papel activo en la elección de nuestras prioridades.

Amor, altruismo, honestidad, humildad, solidaridad, paz, justicia, respeto, libertad… pueden ocupar, porque nosotros así lo decidimos, un lugar prioritario a la hora de elegir nuestra manera de vivir.

Una vez elegidos nuestros valores, podemos ir más allá y utilizarlos como brújula, como el faro que nos orientará en momentos de tormenta.

Vivir de acuerdo a nuestros propios valores (y no los de otros) es la puerta a una vida plena y dejar de sentir ese vacío al que una sociedad orientada al dinero y la imagen nos condena. En lugar de intentar llenar ese vacío desde fuera con "cosas" podremos hacerlo desde dentro, cambiando nuestras prioridades de manera íntima y sincera, y al mismo tiempo convirtiéndonos en la persona que queremos ser. En recuperación es importante que ese o esa que vemos en espejo cada mañana empiece a gustarnos y, con tiempo, hacer que nos sintamos orgullosos de la vida que estamos construyendo. Una conducta coherente con nuestras prioridades conduce a una vida plena en la que el respeto por nosotros mismos y por los demás marca nuestro rumbo.

Yo ya tengo mis valores, ¿Cuáles son los tuyos?

El contenido de este blog no pretende sustituir el consejo médico profesional

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