5 pasos para salir del sufrimiento

por Alejandro Rodríguez
miércoles 15 de julio de 2020

Empezamos a consumir por diversos motivos (presión de grupo, curiosidad, cultura, avidez por nuevas sensaciones, búsqueda de riesgo, necesidad de destacar…) y terminamos utilizando el alcohol y otras drogas como anestesia, como evasión, una huida hacia ninguna parte escapando del sufrimiento, de un dolor emocional que nos acompaña desde hace tiempo. Las sustancias terminan siendo un mando a distancia que nos ayuda a cambiar de canal, auténticos alteradores del estado de ánimo. Las drogas causan multitud de problemas a corto, medio y largo plazo, pero la vida de un adicto en activo “se siente” simple. Los problemas inmediatos y urgentes se reducen (aparentemente) a uno solo: consumir.

Ya en recuperación debemos aprender nuevas formas de gestionar el malestar. Puede que hayamos conseguido una abstinencia duradera pero el dolor emocional nos sigue visitando en forma de ansiedad, miedos, inseguridades, desconfianza, resentimientos, culpa, vergüenza…

Si no aprendemos a relacionarnos con el sufrimiento será cuestión de tiempo que echemos mano de los trucos del pasado. Una recuperación que no atiende este asunto de manera intensa y profunda no funcionará.

Existen muchos métodos eficaces. Lo importante es que probemos varios y que lo hagamos con interés, perseverancia y disciplina. Nuestra calidad de vida está en juego.

Meditación, técnicas de relajación y respiración, contacto telefónico con compañeros, sesiones de grupo… apoyadas por un horario saludable que incluya ejercicio, alimentación y descanso.

Hoy os propongo un método antiguo que he adaptado a mi experiencia personal.

1 Identificar el sufrimiento

Parece absurdo pero no lo es. Cuántas veces hemos pasado largas temporadas sufriendo sin saberlo o al menos sin ser plenamente conscientes de ello. Este primer paso nos ayuda a darnos cuenta de que algo anda mal. A partir de ahí será bueno parar, tomarnos un tiempo de relajación en el que podemos buscar cierta soledad, a ser posible aire libre y silencio si se puede. Es bueno decirnos algo parecido a "Estoy sufriendo, voy a darme un respiro"

2 Responsabilizarnos

Es habitual que busquemos culpables a nuestro dolor emocional. La lista de sospechosos suele ser larga y algunos de ellos a buen seguro que son sospechosos habituales (familia, pareja, el jefe…) pero lo cierto es que la mayor parte del dolor emocional nos lo creamos nosotros mismos al dar poder a personas y/o cosas para perturbarnos. Los apegos que desarrollamos a personas, dinero, imagen, comodidad y seguridad terminan por convertirnos en auténticos sacos llenos de miedos a no conseguir, a no retener, a perder una u otra cosa.

¿Queremos mantener esos apegos desmedidos?

¿Queremos mantener una escala de valores y prioridades en nuestra vida que genera más ansiedad que otra cosa?

 ¿Pretendemos vivir con alegría cuando la hacemos depender de la aprobación de otros?

Si las respuestas son afirmativas debemos asumir el coste en sufrimiento (traducido en una existencia miserable).

Buscar el desapego en la medida de lo posible (sobretodo en relaciones tóxicas y negativas) y revisar nuestra escala de valores centrándonos en los que dependen solo de nosotros y aportan plenitud, alegría y dan sentido a la vida (amistad, honestidad, humidad, altruismo…). Busquemos la alegría, la plenitud y no los subidones rápidos, el placer inmediato y la euforia.

Además de los apegos es bueno que revisemos qué situaciones no aceptamos. Es habitual que el sufrimiento proceda de la no aceptación de alguna circunstancia. Ser sincer@s  con nostr@s mism@s es imprescindible en estos casos.

Una vez localizada la tendencia a buscar culpables, a apegarnos de manera enfermiza a cosas absurdas y a no aceptar real y profundamente la realidad, nos será fácil comprender que la responsabilidad de nuestro bienestar está en nuestras manos. Descubrir esto fue la mejor noticia que me han dado en la vida. Saber que no somos velas al viento, organismos indefensos en un mundo temible y que la alegría es una actitud y, por lo tanto, una decisión es el premio gordo de la recuperación. A partir de ahí todo cambia y nada volverá a ser como antes.

3 ¡Que no cunda el pánico!

Otro buen hábito mental a adquirir es la capacidad de vivir las emociones negativas con naturalidad, con normalidad, sin hacer de ello una tragedia, una cuestión de vida o muerte que requiere de soluciones inmediatas. Que no cunda el pánico. Uno puede pasar una tarde triste, vivir un episodio de ansiedad o tener un día duro sin que sea necesario irse corriendo al bar. Con las ganas directas de consumir podemos hacer algo similar: si es por la mañana démosles los buenos días. Si es por la tarde, ya sabéis. No pasa nada. La gente muere por consumir pero no por tener ganas de consumir. Tranquilidad y pongámonos manos a la obra con nuestro protocolo de actuación para estas situaciones (desarrollado en otros artículos).

4 Sentido del humor

Suele decirse que siempre es bueno tener buen humor, “al mal tiempo buena cara” dicen como algo accesorio o colateral. En mi caso es prioritario, nuclear, central, importantísimo. Este cuarto paso es vital, indispensable. L@s adict@s en recuperación que consiguen reírse de sí mism@s multiplican sus posibilidades de éxito y mejoran instantáneamente su calidad de vida (algo interesante en un sector tan "aficionado" a las recompensas inmediatas).

5 Todo cambia

Una vez identificado el sufrimiento, asumido que la causa es interna y no externa, localizados nuestros apegos y situaciones no aceptadas, entendido que sentir una emoción negativa no es el fin del mundo y, finalmente, esbozada una sonrisa cariñosa y compasiva con nosotr@s mism@s, todo cambia de manera natural y el bienestar fluye. Hemos apartado las nubes y el sol vuelve a brillar, hemos "pillado al bicho" engañándonos otra vez.

Puede que al principio aplicar esta técnica suponga cierto esfuerzo, pero es un hecho que con el tiempo la técnica en sí desaparece y desarrollamos el hábito de parar, entender que nuestra mente nos ha vuelto a engañar, que nuestra locura está una vez más implicada y volver a sonreir.

 

El contenido de este blog no pretende sustituir el consejo médico profesional

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